Regala presencia, es gratis.
- CuidadosPaliativos

- 6 feb 2025
- 2 Min. de lectura
En los últimos meses he notado un fenómeno personal:
La última vez que estoy cerca de pacientes gravemente afectados por su enfermedad por complicaciones agudas, siento muchas ganas de llorar.
Esto no es raro, es una reacción humana natural y en mi trabajo con frecuencia las lágrimas brotan, excepto porque en las únicas dos ocasiones que me ha sucedido esto en los últimos meses que menciono, los pacientes fallecieron a los pocos días.
Dentro del campo de la atención al final de la vida y los sucesos cercanos a la muerte, se ha estudiado y se habla de una conexión/comunicación colectiva, donde no es raro que personas cercanas (o no) a los pacientes próximos a fallecer experimenten sueños, visiones, sensaciones o alguna experiencia entorno a los sentidos, que se liga o "coincide" con el fallecimiento.
Mas allá de hablar del hecho en sí, me quedo reflexionando sobre como en ocasiones somos el último contacto humano de alguien que está próximo a fallecer, en otras ocasiones quizá no el último contacto humano, pero sí tenemos nuestro último contacto personal con esa persona. Me surge entonces la pregunta "Cómo lo trate, cómo fue mi presencia ante esa persona?" Qué hice, qué dije, realmente estuve presente o solo fue un paciente más que pasó por la unidad?
En los dos últimos casos pude acercarme y tomar sus manos, decirles que estábamos ahí con ellos cuidándoles, incluso que descansaran si así sentían que era tiempo. Pero, a cuántos pacientes les damos ese trato?
Nos toma menos de 1 minuto tomar una mano y regalar una sonrisa honesta, es mínimo el esfuerzo de una frase que demuestre presencia, tan simple como "aquí estoy al pendiente". Acciones sencillas y rápidas que le hablan al otro de que estamos ahí, que lo vemos, que no está solo. Pero requiere de una toma de consciencia heroica por parte del personal de la salud en medio de su ajetreada labor diaria.
Pongo sobre la mesa la interrogante y hago la invitación, a estar realmente presentes con nuestros pacientes, aunque sea solo un minuto. Esto puede marcar una gran diferencia, no solo para ellos, también para nosotros.








Este texto toca una fibra muy profunda y humana en el ejercicio de la medicina y el cuidado de los pacientes. Es una reflexión llena de sensibilidad y autenticidad, que nos recuerda la importancia del contacto humano en los momentos más vulnerables de la vida.
Es conmovedor pensar en cómo, en medio del ritmo acelerado del trabajo clínico, un gesto tan simple como tomar una mano o dedicar una palabra de aliento puede significar tanto. No se trata solo de tratar enfermedades, sino de acompañar a las personas en su proceso, de hacerles sentir vistas y valoradas hasta el último instante.
Además, la reflexión sobre la conexión colectiva con quienes están próximos a partir nos invita a reconocer que el…