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Eutanasia y suicidio asistido, ¿Un derecho o el resultado de la indiferencia al sufrimiento humano?

  • Foto del escritor: CuidadosPaliativos
    CuidadosPaliativos
  • 22 oct 2021
  • 4 Min. de lectura

Como profesionales de la salud manejar estos temas es indispensable, y por ello es necesario adquirir un criterio y una postura propios que nos permitan abordar estas cuestiones en el día a día.


De primera instancia me parece relevante definir conceptos, pues si de entrada confundimos o no sabemos de qué va cada cosa, difícilmente podríamos tener una postura concreta ante ellos.


Breve y concisamente hay tres conceptos que debemos comprender y diferenciar:

Eutanasia - Es la provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa de ésta, y en un contexto médico.


Suicidio asistido - Es la ayuda médica para la realización de un suicidio, ante la solicitud de un enfermo, proporcionándole los fármacos necesarios para que él mismo se los administre.


Sedación paliativa - Es la disminución deliberada de la consciencia del enfermo, una vez obtenido el oportuno consentimiento, mediante la administración de los fármacos indicados y a las dosis proporcionadas, con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible causado por uno o más síntomas refractarios.


Ante estas cuestiones, surgen un sinfín de dilemas éticos y morales, y me gustaría recalcar que el objetivo de esto no es convencer o satanizar ninguna postura, pero si cuestionar el porqué de las cosas.


La respuesta de muchos podría ser: Debemos respetar las decisiones de la persona, sin anteponer nuestras creencias o juicios personales al respecto, lo cual es correcto. Otros podrían argumentar que están a favor de la vida y jamás apoyarían estas situaciones, también correcto. Ambas posiciones son completamente respetables, y sin embargo, ninguna da respuesta ni genera soluciones ante la cuestión principal: ¿Qué lleva a una persona a solicitar que se termine con su vida?


Me gustaría preguntarles si consideran que una persona que esta satisfecha y tranquila con su existencia y consigo misma, solicitaría ponerle fin a su vida, y cómo creen que podríamos saber estás cuestiones de quien tenemos ante nosotros.

La respuesta más sencilla es: Acercándonos a ellos, dialogando y preguntando.. tres acciones que deben llevarse acabo desde el respeto, la compasión y la empatía, siempre con un objetivo claro: trabajar y procurar una atención humana, centrada en la persona, que garantice, en lo posible, calidad de vida y una muerte digna.


Atender pacientes con patologías crónicas, avanzadas, complejas, incurables, que causan un impacto fuerte y un sufrimiento en la persona y los que le rodean, requiere preparación y capacitación para valorar y abordar los diferentes problemas que integran a la persona, en este punto de nuestra practica clínica no solo tiene una relevancia el responder a la sintomatología y las afecciones orgánicas, sino que también debemos reconocer y dar respuesta a las necesidades y problemas de las esferas psicológica, emocional, social y espiritual que integran a cada uno de estos pacientes, sin excepción.


Muchos profesionales consideran que esta no es parte de su labor, que para ello se cuenta con servicios como psicología o trabajo social. Y no hay nada más lejos de esta concepción. Si bien estos profesionales son parte fundamental de la atención integral de estos pacientes, el mejor profesional para atender las necesidades integrales de una persona en primera instancia, es aquel que lo conoce y lo ha tratado desde el inicio, es quien puede discernir y diferenciar las etapas en las que va entrando a lo largo de su enfermedad, parte de ellas la etapa final, donde corresponde hacer un abordaje oportuno que permita una planificación anticipada de toma de decisiones, donde la persona pueda decidir cómo, dónde y hasta qué punto desea ser atendido, de modo que se le vaya preparando y acompañando en esta nueva etapa.


Importante recordar el termino de "Dolor total" desarrollado por Cicely Saunders, compuesto por las esferas física, emocional, social y espiritual de la persona.

Cuando una persona sufre, no podemos fragmentarla y limitar la atención a un área en específico. Somos seres integrales, y estos componentes antes mencionados se mueven juntos, nos hacen ser quienes somos al conjuntarse, y su influencia en la manera en que una persona experimenta y siente el mundo, interpreta sus experiencias y su entorno y le da un sentido parte de esta integralidad. Es por ello que nuestra atención debe ser siempre INTEGRAL.


Otro concepto fundamental es el de "Sufrimiento espiritual", solemos relacionar este termino únicamente con la religión, y si bien es parte de.. el termino es más amplio, pues la esfera espiritual es la que integra-une a todas las demás. Cuando una persona se encuentra ante un trauma, una enfermedad grave, una perdida o proceso de duelo puede experimentar una incapacidad para integrar un significado y sentido de la vida y su existencia, esto lo desconecta de los otros, de su entorno y genera una falta de trascendencia de sus experiencias, produciendo un profundo dolor y sufrimiento interior.


Considerando estas cuestiones, ¿Podríamos limitar la atención y el abordaje de estos pacientes a la administración de medicamentos, al uso de maquinas que no van a dar respuesta a estas necesidades, pero si van a prolongar este sufrimiento?

Por otro lado, acercarse, tocar y acompañar el sufrimiento y el dolor de otro no es algo sencillo, no es para cualquiera, y es valido no saber cómo abordarlo o no querer hacerlo, pero entonces debemos apoyarnos de otros profesionales que sí puedan responder y acompañar a estos pacientes en el proceso de aceptación, preparación y toma de decisiones oportunamente. Porque no podemos ni deberíamos llevar a un paciente a extremos de terapias que le causan mayor dolor y sufrimiento, que de antemano sabemos no obtendremos una respuesta benéfica, y luego abandonarlo argumentando "si el quiere morir, es su derecho".


Toda postura es respetable, pero considero sumamente necesario darnos el tiempo de detenernos a ponerle nombre a cada cosa, conscientemente, no disfrazar el por qué de cada toma de decisiones, aprender a trabajar en equipo y sobre todo capacitarnos y formarnos para poder dar una atención de calidad y una respuesta oportuna y optima a las necesidades integrales de cada uno de nuestros pacientes.

Una vez que logremos esto, entonces si pongamos sobre la mesa si la eutanasia y el suicidio asistido son realmente la mejor respuesta que podemos ofrecer a otro ser humano que esta sufriendo.



Dra. Ana Castañeda.

Medicina y Cuidados Paliativos.



 
 
 

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