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Distanasia

  • Foto del escritor: CuidadosPaliativos
    CuidadosPaliativos
  • 24 jul 2020
  • 3 Min. de lectura

"La distanasia, conocida como ensañamiento/encarnizamiento/obstinación terapéutica, se refiere a la prolongación de la vida de un paciente con enfermedad grave e irreversible o terminal mediante la tecnología médica, cuando su beneficio es irrelevante en términos de recuperación funcional o mejora de la calidad de vida. En tal situación los medios utilizados se consideran extraordinarios o desproporcionados, inadecuados."


Dentro de las causas identificadas se encuentran, entre otros:

  1. El convencimiento de algunos médicos de que la vida biológica es un bien por el que se debe luchar, perdiendo de vista las consideraciones sobre la calidad de vida y que, a tal fin, deben utilizarse todas las posibilidades técnicas ofrecidas.

  2. Adopción de medidas terapéuticas que contemplan más los aspectos científicos de la enfermedad que al enfermo afectado por un proceso irreversible.

  3. Desconocimiento acerca del derecho del paciente o sus representantes de rechazar el inicio o continuación de tratamientos médicos que prolonguen el sufrimiento del enfermo crítico o en situación de terminal.

  4. La angustia del médico ante el fracaso terapéutico y la resistencia a aceptar la muerte del paciente; la dificultad del pronóstico, la experiencia del médico, las circunstancias del paciente (edad, prestigio, responsabilidad familiar, social o política) son situaciones que pueden alimentar por tiempo excesivo la ilusión de que la evolución del proceso que lleva a la muerte se detendrá o cambiará de sentido, mejorando el pronóstico.

Algunas situaciones que pueden propiciarlo, incluyen la exigencia de los familiares de que se haga todo lo humanamente posible, o incluso imposible, para salvar la vida del paciente; la falta de comunicación entre el equipo asistencial y la familia en relación con los deseos del paciente, el estado actual de la enfermedad y su pronóstico.


Los perfiles de pacientes con alto riesgo de recibir tratamientos fútiles o desproporcionados incluyen:

  • Recién nacidos prematuros, de muy bajo peso al nacer y pocas semanas de gestación (menos de 26 semanas y por debajo de 650 gramos de peso).

  • Pacientes con enfermedades crónicas de larga evolución, historias clínicas graves y recaídas frecuentes, cuando entran en procesos irreversibles.

  • Pacientes terminales, situaciones de enfermedad crónica avanzada irreversible, oncológicos en estadios clínicos avanzados sin respuesta a tratamiento.

  • Pacientes con cuadraplejía de diversas causas.

  • Pacientes con enfermedades neurológicas como demencias de diversas causas, Alzheimer, Parkinson, Esclerosis lateral amiotrófica, etc.

  • Pacientes inconscientes, en estado vegetativo persistente o permanente.

Algunos de estos pacientes corren el riesgo de que la evolución no sea la esperada por los médicos, quienes fácilmente pueden caer en la obstinación terapéutica, con la mejor de las intenciones, empleando medios desproporcionados o fútiles que no deberían utilizarse.


Las consecuencias de estos actos pueden incluir: el causar dolor y sufrimiento innecesario a pacientes y familiares, la reflexión de los ciudadanos y pacientes sobre la necesidad de contar con apoyo legal para protegerse de lo que se considera un poder incontrolado de los médicos sobre el tratamiento de los enfermos, la creación de un clima favorable para la despenalización de la eutanasia activa al valorar que es mejor la muerte que el sufrimiento inútil provocado en estos casos, la disminución de la confianza en los médicos y en la asistencia hospitalaria.


Para la prevención se consideran medidas eficaces:

  • Respetar el derecho de los pacientes o de sus representantes de aceptar o rechazar un tratamiento. Puede ayudar la protección de las voluntades anticipadas, según las normativas dadas por las leyes de cada entidad.

  • Información y comunicación correctas al paciente y cuando ello no sea posible a quien pueda representar mejor sus intereses.

  • Velar por la mejora de la docencia en las Facultades de Medicina sobre el correcto tratamiento del dolor, insistiendo en el deber y responsabilidad de controlarlo correctamente, sin incurrir en medidas desproporcionadas o fútiles.


Para mayor entendimiento, se considera tratamiento fútil aquel cuya aplicación está desaconsejada en un caso concreto porque no es clínicamente eficaz (comprobado estadísticamente), no mejora el pronóstico, síntomas ni enfermedades presentes o porque produciría a efectos perjudiciales y razonablemente desproporcionados al beneficio esperado por el paciente o en relación con sus condiciones familiares, económicas y sociales.


Los criterios de prudencia y atención que merece tanto el paciente como sus familiares, deben motivar al médico para buscar el momento más adecuado para interrumpir el tratamiento, teniendo en cuenta no herir la sensibilidad de los familiares y poniendo especial cuidado en que estos no reciban mensajes contradictorios por parte del equipo asistencial.


El médico tiene obligación de combatir el dolor de la forma más correcta y eficaz, administrando el tratamiento necesario. Una vez que el médico se ha convencido de la futilidad de un tratamiento, tiene el deber ético de no continuarlo si con ello prolonga la agonía del paciente.




 
 
 

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