4 minutos de reflexión, una vida de diferencia.
- CuidadosPaliativos

- 22 jun 2021
- 4 Min. de lectura

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Un hospital.
Un paciente volviendo de quirófano a través de largos pasillos con luces deslumbrantes en el techo, una o dos enfermeras, el camillero, quizá el anestesiólogo y el cirujano lo acompañan, todos hablan encima de él: “fuiste a la fiesta de anoche, estuvo bien he” “qué comeremos, tengo un hambre mortal, he estado en cirugía todo el día”, nadie lo mira.
De pronto, lo meten en un cubículo, tres paredes blancas, una puerta enorme y transparente, gente pasando y mirando dentro. Lo cambian de una camilla a otra, lo mueven de un lado a otro pasando por enfrente y por detrás múltiples cables y botellitas o empaques con vaya Dios a saber que soluciones dentro. “Ya casi acabamos Don, no se desespere”.
Lo nota. No puede hablar, tiene un tubo en su garganta que se lo impide. Mira a todos lados, solo hay luz y caras desconocidas, ¿Quién es esta gente?
Un médico entra, supone, pues lleva una bata blanca, y detrás de él vienen dos o tres batas blancas más. Comienzan a hablar y a mirar el monitor junto a la cama, lo señalan, uno le sonríe y sigue prestando atención al médico que habla.
Esta asustado, ¿Dónde está? Y, qué es esta sensación tan molesta en la garganta, duele todo, pica la sabana, quizá solo quiere preguntar por su familia, pero no puede hablar. Mueve sus manos, entonces uno de los médicos voltea y le dice “tranquilo, no pasa nada”. Él lo mira, con los ojos llenos de lágrimas, impotente. Pero los médicos siguen analizando el monitor. Entonces lo descubren, le dicen que le harán un estudio a su corazón. Lo llenan de algo frío y viscoso y continúan mirando una pantalla a su lado.
Nadie le dice nada. Nadie le explica nada. No conoce a nadie ahí dentro. Esta solo.
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Algunos de nosotros habremos experimentado ya algo así. Otros no. Pero los invito a visualizarse en lugar de esta persona. ¿Cómo se sentirían?
Ahora agreguemos una cuestión extra a este escenario:
Y, ¿Si ese momento, si esas circunstancias fueran lo último que vivió esa persona?
Si su corazón se detuvo en los 5 minutos siguientes y no se pudo hacer nada más por él, o por alguna razón tenía una orden de no reanimar, y paso 5-10 minutos agonizando, completamente solo, con gente yendo y viniendo, y su familia en una sala de espera a dos metros de ahí.
¿Es esto importante?
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El escenario anterior es crudo, sin embargo, es la realidad que viven muchos pacientes en los hospitales. El tema puede abordarse desde múltiples perspectivas. La primera y más importante que me gustaría tocar es la humanización. Debemos retomar las bases como profesionales de la salud, recordar que nuestro trabajo se basa en la persona, no en una enfermedad, un numero o una estadística más. Los pacientes son personas, con miedos, sueños, anhelos, valores, expectativas... seres integrales, a quienes la enfermedad los vuelve vulnerables y los deja, en ocasiones, a la deriva de decisiones hechas por terceros. Si tenemos la capacidad de reconocer, de ver a la persona como lo que es, y no solo como una enfermedad podemos abrir un panorama mayor que nos permitirá tomar decisiones más conscientes y adoptar una postura más humana ante ellos y sus familias.
Por otro lado, nadie desea ver a un ser querido sufriendo. Sin embargo, en muchas ocasiones el miedo a la perdida, o la negación a la realidad de una enfermedad incurable de quienes más se quiere, lleva a tomar decisiones precipitadas, que no son la mejor opción para el enfermo. Entonces se abre paso a manejos que en realidad ya no tendrían cabida si se es objetivo, tales como pasar al enfermo a unidades de cuidados críticos, o manejos invasivos como cirugías, colocación de sondas o catéteres, intubación orotraqueal, que resultan dolorosos o incómodos en momentos donde lo más importante es el confort y la tranquilad de la persona, y por ende de la familia. Pero hay muchos familiares que no logran ver con claridad el panorama, porque no tuvieron el acompañamiento necesario desde el inicio de la enfermedad de su ser querido que les permitiera adoptar una postura de mayor claridad y entereza ante el dolor de la perdida, dando pie a estos procedimientos.
¿Podemos entonces entender la importancia de tener una guía, un soporte, ante las enfermedades que ya hemos mencionado, esas que en algún punto nos llevaran al punto de no retorno?
La Medicina Paliativa se encargará de trabajar desde el inicio en conjunto con los tratamientos activos de la enfermedad, en cuanto a control de síntomas principalmente, pero también será la encargada de reconocer cuando el enfoque terapéutico deba virar a paliativo exclusivamente. Entonces, abriendo un espacio al diálogo, al reconocimiento de los deseos y necesidades expresadas por el mismo enfermo en el momento oportuno, cuando aún se encuentra en completa capacidad, haciendo consciente al médico tratante y a la familia, y ayudándolos a ellos también en el proceso de aceptación y adaptación a la enfermedad, la toma de decisiones en momentos críticos tendrá bases preestablecidas y según los deseos expresados previamente por el paciente.
Ahora bien, no siempre será posible tener conocimiento de los deseos del paciente, pero si se mantiene una adecuada comunicación entre el personal de la salud, el enfermo y la familia, partiendo del reconocimiento continuo de la evolución y los cambios clínicos, podemos, como ya se mencionó, adoptar una postura más adecuada y humana en el momento que el final de la vida esté próximo, evitando que este se viva como en el caso presentado al inicio.
Como médicos, como personal de salud y como sociedad en general tenemos la oportunidad de informarnos y formarnos para poder ofrecer y hacer posible la calidad de vida al final de la vida, propia y de quienes nos rodean.
¿Qué vamos a elegir?







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